KITSCH
Nunca fui tan de las flores. Si me decís que tengo que elegir alguna planta te diría que prefiero las que son puramente de hojas verdes. Mejor si son oscuras, o desaturadas. Y en lo posible con humedad, acompañadas de olor a barro mojado. Un barro que se sienta fresco, y rico, y limpio. Pero sobre todo fresco. Y puro. Supongo que es el exceso de colores o de esas formas tan excéntricas lo que me hace rechazarlas. Me remiten a una señora de barrio híper vestida para los quinces de la sobrina, o bien la sobrina híper vestida para sus propios quinces, rodeada de niñas felices danzando con voluminosos vestidos perlados, y con sus rostros pintados y peinados forzados, queriendo ser las mujeres que su inocencia aún no les permite ser– esto recién empieza La realidad es que nunca fui tampoco TAN fan de los colores en general. Ni de las curvas sobreexigidas ni superpuestas. Ni hablar de los ornamentos voluptuosos y espléndidos, que se esfuerzan incansablemente por demostrar algo c...