El día de mi muerte

 
No puedo decir mucho sobre esto.
Pero hay días en los que necesito
al menos decir algo. Es una sensación que me envuelve,
que me agarra sobre todo de noche, cuando terminó el día,
cuando ya no queda en qué pensar, en qué ocupar la mente.
Cuando el vacío se hace más presente y entonces solo
quedan las sensaciones.
No pasa siempre, pero hoy pasa.
Debe ser porque mi hermano, uno que
ya no vive en la capital, vino esta
semana de visita.
No puedo decir tanto, pero lo que pueda
lo voy a decir.
 
--------------------------------------------------------
 


Recuerdo el día en que me morí.
Me pregunto cuántas personas podrían decir
esto, y recordarlo tan vívidamente.
 
No tengo una memoria brillante, muy por
el contrario, si me preguntaras qué hice
dos días atrás tendría que parar el mundo,
y a paso de hormiga ir en reversa en mi
cabeza repasando mis movimientos uno a uno:
cómo fue mi mañana, qué hice anoche
y esa tarde más temprano, a quién vi,
en qué trabaje, qué almorcé, cómo me sentía
esa mañana. Qué paso la noche anterior, etc.
 
El día de mi muerte, sin embargo, lo
recuerdo todito.
Sé como si fuera hoy qué día de la semana era,
qué traía puesto,
cómo olía la primavera por esos años,
qué pensé, qué no quise pensar, qué paso,
y qué quise olvidar.
 
Fue un domingo como cualquier otro en la
mansión de mis padres. En esa época tenia
la costumbre de bajar por la revista semanal
a chusmear las boludeces y leer el horóscopo
 
Por esos tiempos, de la gran familia de 7 solo quedábamos
5 habitando la mansión: mis hermanas menores, mis padres, y yo.
El mayor de mis hermanos se había independizado
hace tiempo, y el que le sigue vivía por la
capital. De vez en cuando volvía de visita.
Ese domingo fue uno de esos cuandos.
A veces me pregunto si habrá tenido un
propósito o si fue espontaneo y casual. Una casualidad
abrumadora vamos a decir, casi un timing del terror.
 
Si hablamos de miedos también desde pequeña
fui bastante number one en este rubro.
Fóbica a todo tipo de insecto y sobre todo volador,
pánica a nuevos comienzos e incluso a finales.
Miedo es desde siempre una palabra bastante
común en mi vocabulario.
Aun así, de todos los miedos que circundaban mi
psiquis, la muerte no era realmente uno de ellos.
La pregunta clásica -te da miedo la muerte- no tenía
un impacto tan potente para mí.
Tal vez porque no la había vivido tan de cerca:
nunca un familiar fallecido ni tampoco ningún
afecto cercano. "La muerte está lejos, y cuando llegue llegará"
 
Claro está que no creía, hasta ese momento,
que una podía morir y seguir viva –eso sí es de temer-
 
 Y eso fue exactamente lo que me pasó.
 
Era un domingo que parecía como cualquier otro.
Un domingo que mi hermano, el de capital,
decidió venir de visita.
Una visita que si no fue casual, es abrumadora.
Y morbosa. Y del terror.
 
 
Me atrevo a decir que desde entonces ya no tengo esos miedos,
no los de antes, no a los bichitos.
Lo único que me da miedo,
que me aterra y me motiva a vivir
es volver a morir
y permanecer viva.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ante todo.

KITSCH

Aracnofobius -Segunda sesión-